El peligro latente de halar el gatillo

Al día siguiente de la masacre en Las Vegas, coincidente con el hecho de que los principales indicadores económicos de Estados Unidos registraran alzas significativas y hasta algunos récords en lo que va de la administración Trump, la venta de armas se disparó literalmente como indicativo de las preocupación de los ciudadanos por su seguridad personal, con independencia de que la tragedia la hubiera consumado un “americano de la tercera edad” y no un latino o un melenudo consumidor de marihuana, ni que frente a un ataque tan alevoso en medio de una multitud una pistola más pueda hacer diferencia alguna. La guerra contra la posesión de armas en el país parece perdida; de hecho Obama perdió la batalla que librara por dicha causa.

 

El problema tiene la obviedad de la serpiente que se muerde la cola: a más armas en posesión de la gente, mayor el riesgo exponencial de que alguien apriete el gatillo, por la razón que fuere.

 

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