La desilución

"¿Para qué? Si nada va a cambiar?" Bien podría ser esta la respuesta más común al llamado a salir a la calle para denunciar los entramados de corrupción que prolongan la impunidad.

 

No estamos frente a una o dos manzanas podridas en los órganos que regentan la justicia, sino a un modelo que permite al presidente de turno nombrar con criterio absoluto a quien investiga en el Ministerio Público y a magistrados que serán ratificados por una Asamblea indecente. Un sistema que nos permite reelegir a diputados que una y otra vez nos muestran su calaña. ¿Salir a la calle? El llamado pesa.

 

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