LOGOML

Venezuela

En gala de una paciencia exagerada, la oposición venezolana creyó que Nicolás Maduro estaba dispuesto a dialogar y literalmente se dio un tiro en el pie al suspender la marcha que semanas atrás tenía programada para llegar hasta el palacio de Miraflores, a cuyo caudal se hubieran volcado sin duda millones de descontentos.

Y aunque no representada del todo -algunos sectores se oponen tenazmente a ello desde el principio- aceptó conversar con el régimen,  los oficios de la iglesia católica y varios expresidentes de Iberoamérica.

Como lo único que no puede perder es tiempo,  Maduro arroja migajas a la mesa de la negociación y resiste a ceder en lo fundamental de los reclamos para solucionar la crisis humanitaria, económica y social más seria en la historia de ese país. Es decir, el caos es el mismo.

ImprimirCorreo electrónico