El civismo

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El derecho al disenso es una garantía fundamental; la protesta, una vía de reclamo universalmente aceptada por toda doctrina democrática. Que los ciudadanos recurran a expresar  públicamente sus demandas es tan legítimo como manifestar su aprobación sobre algo en particular. Que en nuestro medio las protestas vayan desde las reivindicaciones salariales de los psicólogos a las de las trabajadoras sexuales, aceptable. Pero que las calles sean tomadas para el vandalismo, la destrucción de vehículos de la fuerza pública o causar daños a terceros, no tiene cabida en un estado de Derecho.  Así, no puede permitirse.

 

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