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EFE| Alemania logró hoy la goleada esperada a domicilio ante San Marino (0-8) en uno de esos partidos en los que, por la diferencia que existe entre los rivales, de antemano la pregunta es cuál será el número de goles que va a marcar el favorito.

De un lado estaba la vigente campeona del mundo y del otro un equipo formado por jugadores aficionados. El objetivo declarado de San Marino -con clara ironía- era lograr que la derrota fuera menos estruendosa que la que sufrió Brasil, por 7-1, en el Mundial 2014. Era una manera de describir cuál era el punto de partida, sin necesidad de recordar que la última visita de Alemana a Serravalle se había sellado con un 0-13.

La incógnita, en un partido de esa naturaleza, era saber cuánto tiempo iba a lograr San Marino mantener la portería a cero. La resistencia duró exactamente siete minutos hasta que Sami Khedira abrió el marcador tras un buen pase desde el centro del campo de Ilkay Gündogan que pasó por encima de toda la defensa contraria. Khedira recibió el balón en el área, controló, se deshizo del meta Aldo Simoncini con un regate y marcó a puerta vacía. Dos minutos después llegó el segundo, por intermedio del debutante Sergue Gnabry que aprovechó un rebote después de que la defensa de San Marino no lograse sacar un balón del área. El comienzo prometía una lluvia de goles pero el temporal amainó.

Alemania bajó un poco el ritmo, con aceleraciones puntuales que varias veces terminaron en ocasiones. San Marino incluso tuvo algunos atrevimientos ofensivos, no muchos, y hasta una llegada en un saque de esquina que se había producido por una mala devolución de Joshua Kimmich El tercer gol tardó en llegar pero llegó en el minuto 31, por intermedio del lateral izquierdo Jonas Hector que apareció en posición de centro delantero, después de que Mario Gómez se abriese hacia la izquierda del área, llevándose dos defensas consigo. La jugada la inició otra vez Gündogan con un pase que Mario Götze prolongó desde el borde del área para que Hector definiera. "Mejor que Brasil", comentó la cuenta de twitter de la federación de San Marino en la pausa. En parte el que no hubiera habido más goles se debía a algunas buenas intervenciones de Simoncini, a la falta de puntería de Benjamin Henrichs en un par de ocasiones claras y a dos goles anulados por fuera de juego dudoso a Mario Gómez. En todo caso, la apreciación era matemáticamente correcta.

A esa altura del partido contra Alemania, Brasil ya había encajado cinco goles. Ante San Marino, para llegar a los cinco, los alemanes necesitaron 64 minutos. El cuarto lo logró Gnabry en el 64, a pase de Kimmich, y el quinto Hector, en el 64. En el 76, otra vez Gnabry aumentó la cuenta con lo que, al menos en lo que se refiere a la diferencia de goles, a San Marino ya le estaba yendo igual de mal que a Brasil. Y el 82, un gol en propia puerta de Matia Stefanelli trajo el séptimo con lo que ya San Marino no podía decir que había sido mejor que Brasil y aun encajaría un octavo por medio de Kevin Volland, cuatro minutos después.