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Desde la emisión uno en la cual más de una concursante se mostró en traje de “Eva”, como Dios la trajo al mundo, ya sabríamos lo que sería Big Brother.

Con el tiempo, insultos racismo, sexo y demás conductas típicas de los participantes de este tipo formato, que han vendido su privacidad a cambio de recompensa monetaria, han ido rumbo al despeñadero.

Me da un poco de pena la imagen que estas personas, sin talento alguno para las artes escénicas, imprimen de los panameños: mal hablados, problemáticos y sin valores.

Entiendo la tendencia voyerística del espacio, atraer la mirada; sin embargo, no nos importa lo que aprenden los pequeños de casa.