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Descubrí que quien regresa a Panamá un domingo por el Aeropuerto Internacional Marcos A. Gelabert no debe traer regalos del extranjero sino una maleta llena de paciencia.

La fila para entrar es tan lenta que te puedes leer la mitad de un libro y cuando levantas la mirada sigues a media cola.

Se supone que es una entidad internacional, aunque más bien parece una terminal de buses. Luego que consigues el sello en el pasaporte, lo del equipaje es épico. Mientras gritas cuál es tu número para que el que ayuda diga bingo y se conduela de ti, éste se excusa “es que no tenemos personal”.

El remate es otro filón para migración, ¿será que el lema es lentitud?