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Asistir a la renovación de la mitad de la dirigencia del Comité Olímpico de Panamá, incluida la adición en su directiva de un medallista olímpico, no puede sino verse con buenos ojos en un organismo en el cual demasiados años de siniestras acciones le desfiguraron el rostro hasta desconocimiento de sus funciones. El nuevo presidente, reelecto no sin controversia previa, si en realidad aspira a dejar un legado, deberá acercarse a enemigos y socios, al estado y a la empresa privada, y convencer a todos de la intención que abandera su organización.

MARIO LARA
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