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Cuando la FIFA calienta en el horno el castigo que le asestará a Honduras, y a los mexicanos se les etiqueta sin distinción  de buscapleitos, la afición panameña regala  una lección  de cómo disfrutar  un partido sin arriesgar la vida de terceros, evitando además las agresiones a los futbolistas, quienes, sea cual sea la circunstancia, poco hacen para incitar  estos desenfrenos.

Salvo algunos guiños a  Trump y uno que otro ebrio maleducado, Panamá volvió a exhibir atributos que muchos países celan: tolerancia y decencia sobre ánimos agitados